- Bien hablas de no contrariar a tu inquilina, que a mí ni una miajita de contento me das.

   Quedose él pasmado con tal expresión que sólo ojos se le veían en la cara, y a fe que tenía ella un día de los más impertinentes, pues hubiera sido en su sano jucio como solía y jamás el decoro le hubiera permitido hacer semejante juicio.